El conjuro de traición

Tal como la bruja le había dicho, llevó a su hermano hasta la cabaña en lo profundo del bosque. Aunque no se fiaba por completo de ella, ésta dijo tener el conjuro que rompería la maldición que acosaba a su familia desde hacía muchas generaciones. Aunque se demoró hasta la fecha límite que le había dado la bruja para convencer a su hermano, llegaron a tiempo justo antes del atardecer de último día al centro del bosque. Los últimos rayos de luz quedaron a su espalda iluminando la vieja cabaña, que parecía tan vieja como el bosque.

Ambos temblaban al tocar a la puerta. Ella por la emoción y él por el terror. Él sabía bien que las historias donde estaban metidas las brujas nunca terminaban bien. Desde pequeño había oído a los adultos mencionar terribles crímenes a mano de brujas. Al tercer golpe, una niña les atendió sonriente, vestida de negro y con un sombrero en punta. Su temor se aligeró al ver lo pequeña y tienra que lucía. Sin embargo, su cabello canoso denotoba que no era una niña común y que seguramente sería la dueña de casa.

— Llegan justo a tiempo. Ya conseguí todo para romper la maldición —dijo la bruja dejando sorprendido al muchacho. —Pasen rápido. No vaya a ser que los vea algún demonio.

Aunque por un momento él dudó de entrar, su hermana rápidamente lo empujó hacía dentro de la casa. Apenas se cerró la puerta, pudo notar una gran olla con agua calentándose al fuego de la chimenea. Un ligero escalofrío le recorrió la espalda al notar cuchillos, cuerdas y hierbas sobre una mesa. Cuando volteó de nuevo hacia la puerta para salir de allí, su hermana le sorprendió con un tremendo golpe en la cabeza. Mientras caía, alcanzó a oír una dulce risita que le causaría pesadillas mientras estaba inconsciente.

Cuando despertó, sintió el sonido de cuchillos siendo afilados y un murmullo envuelto en llanto. Estaba encerrado en un cuarto de la casa, amordazado y atado de pies y manos. La idea de estar en la casa de una bruja le aterraba, aún más en semejante situación. Al ver en la oscuridad del cuarto, notó como una luz se filtraba por un agujero de la puerta. Se arrastró como pudo por el suelo sucio para lograr asomarse sin considerar lo que descubriría.

— Dijiste que romperías la maldición, ¡maldita traidora! —chilló su hermana atada y desnuda en la mesa, con la bruja a su lado sonriente y acercando un cuchillo al cuerpo de la prisionera. Un grito de dolor hizo eco en la vieja cabaña al momento que la bruja le comenzaba a mutilar.

— Traidora tú, chiquilla, que estabas dispuesta a ofrecer a tu hermano en sacrificio —le respondió la bruja para sorpresa del hermano. — Pero piénsalo, ¿qué mejor forma de terminar con una maldición que comerse a los malditos?


Nota de la autora:

¡Holitas! ¿Qué tal? De a poco voy seleccionando y publicando historias que he escrito. En esta ocasión, “El conjuro de traición” lo escribí para el Inktober 2018. Espero que te haya gustado tanto como yo he disfrutado escribirlo. Te animo a compartir tu opinión en la caja de comentarios y a calificar el relato con estrellas. Gracias por leerme.

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