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Un ángel

Fue de refilón la primera vez que te vi, un simple instante, pero eso fue todo lo que necesite para quedarme embobado. Con una serena mirada en tus ojos de ágata, una suave sonrisa y un torrente de oro fundido fluyendo de tu cabeza.

Intentar describir la escena me resulta imposible, pues a más palabras intente usar, menos puedo siquiera entenderla. Tras ese breve suspiro apareciste en mi memoria como si fueses lo único en lo que podía pensar. Esa noche mis sueños me llevaron a un paraíso tan lejano como utópico.

Al día siguiente me armé de valor para salir en tu busca y he de decir que incluso entre la multitud era imposible que te perdiera de vista. Allí estabas haciendo gala de aquella belleza idílica, exactamente como la recordaba, sin exagerar podía declarar que había visto un ángel.

Recuerdo claramente como notaste mi mirada y me distes una bella sonrisa, no pude evitar apartar mis ojos y sentirme avergonzado, desconozco si fue mi extraña reacción o las palabras de la chica a tu lado la te hicieron soltar una pequeña carcajada.

Durante el resto del día seguí persiguiéndote con la mirada, más de una vez me las cazaste al vuelo, mas no te enfadaste y en todas me sonreías, si quisiera mentir diría que no me sentía avergonzado de mi comportamiento.

No fue hasta el siguiente día que con movimientos más robóticos que humanos conseguí acércame a ti y hablarte por primera vez.

Si dijera que tu voz me pareció el instrumento más melódico que puede haber existido no exageraría en lo más mínimo. También pude observar como no solo parecías un ángel que había descendido de los cielos, sino, que lo eras realmente, a pesar de mis extrañezas, de mi nerviosismo al hablarte y temblores, no sentiste ni molestia ni burla por mí.

Ese día dormí entre sueños tan perfectos que ningún alucinógeno podría igualar, pero fue cuando te acercaste de nuevo a hablarme tu misma que me hizo ascender a otro reino y dejar mi mente en las nubes.

El tiempo trascurrió tan rápido que apenas pude darme cuenta de ello y ante la amenaza de partir de ti sin poder declarar propiamente mis sentimientos, tuve que tomar una decisión, callar para siempre o transmitirte mi sentir

Tenía miedo, mucho miedo, no porque me rechazaras, sino, porque no pudiera ser capaz de hacerlo. Pero tras juntar toda mi determinación avancé hacía ti, te tome de la mano y bajo el cielo estrellado te dije lo que sentía.

Recuerdo que me miraste con cierto dolor, pues bien sabías que no correspondías aquellos sentimientos y era hora de que el sueño acabase de forma abrupta.

Me rechazaste, como en estos tiempos modernos se diría, me dejaste en la “friendzone”, te caía bien, pero lejos de interesarte como tu lo hacías a mí.

No mentiré diciendo que estaba del todo bien, mas una parte de mi siempre lo supo, por ello no te culpó y te deseo una feliz vida, tal vez, si el tiempo lo quiera pueda volver a contemplarte de nuevo en un lugar que no sean mis sueños.


Dedicada a: Eva.

Por: Shiku Plumado

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