Cientos de millones de soldados se apelotonan rodeando la grandiosa ciudad de Deria Blanca, armados con todo tipos de armas y esperando emocionados el momento de luchar, los dioses no son menos, con sonrisas viciosas en sus caras y sus armaduras de batallas esperan con sus brazos cruzados en el cielo. Mientras tanto en el palacio imperial, la sala del trono, Delia, diosa resplandeciente y emperadora mira con desasosiego sus guardias personales, no temía por ella, sino por aquellos que estaban dispuestos a dar su vida por ella. Ese era su mayor miedo, a pesar de ser una deidad y la emperadora, no podría anteponer su vida a la del pueblo. Fue esa pureza la que hizo que todos la siguieran con lealtad inquebrantable. En ese mismo momento el enorme portón de la sala se abre para dejar ver una poderosa figura, con dos metros de alto y una armadura azabache, Shikuro, el capitán de la guardia imperial y máximo confidente de su majestad, hace aparición. En su rostro una expresión seria con pinceladas de dureza ganadas por las incontables batallas que había vivido. Los 24 guardias se arrodillan ante él y le abren un camino hasta Delia.

-Su majestad, por favor, abandone el palacio, este lugar no es seguro- La voz de Shikuro resonó por toda la sala, era obvia en ella la inquietud que su cara ocultaba. No era miedo a la muerte, sino, la existencia de la posibilidad que la persona que juró defender muriese.

-No, deseo quedarme aquí junto a todos los hombres que lucharan en mi nombre, además, soy la única deidad aquí, solo yo puedo enfrentar a los auténticos enemigos- Su voz era suave y melodiosa pero a pesar de parecer una frágil joven, la resolución a quedarse y luchar por su pueblo era algo inesperado, solo ver ese bello rostro blanco nieve de ojos plateados te hacía desear poder estrecharla entre tus brazos y protegerla, pero a pesar de todo, la determinación de un guerrero brillaba en aquella tierna cara.

Shikuro sabía la respuesta, por lo que solo suspiró y negó suavemente con la cabeza mientras se acercaba a Delia.

-Su majestad, se que no puedo hacerle cambiar de opinión, está bien, pero por favor, ya que este puede ser la última vez, déjeme cumplir uno de mis deseos más anhelados.- Cada palabra que decía era un paso extra que se acercaba, hasta el punto de que solo hubiera unos centímetros que le separaran su cuerpo de guerrero de la frágil dama.

-Bien, Shikuro, capitán de mi guardia imperial, sea cual sea tu deseo, yo, como recompensa por tus impecables servicios te lo concedo- Sonreía mientras decía esas palabras completamente ignorante de lo que seguiría.

-Entonces, aceptaré mi recompensa como su siervo- Sin pensarlo dos veces Shikuro abrió sus brazos y estrechó entre estos el delicado cuerpo de su emperadora.  Delia no pudo evitar sonrojarse ante esa inesperada muestra de cariño. Pero fue entonces cuando la mano de Shikuro pasó de su cadera a su cabeza arrebatando la corona que está portaba.

-¿¡Q-que estás haciendo!?- No pudo evitar tartamudear mientras empujaba con toda su fuerza a aquel hombre, pero su poder era inexistente como si nunca hubiera existido.

-Lo siento, majestad, pero el deseo de este siervo es que viva- Dijo con una tierna sonrisa mientras apretaba suavemente el cuello de la chica para dejarla inconsciente.

Todos los guardias esperaron aun arrodillados como si hubieran anticipado esta escena. Colocándose la corona a la vez que sostenía delicadamente a la chica inconsciente en sus brazos.

-Hoy, Delia Skylar, Diosa resplandeciente, ha desaparecido y yo, Shikuro, capitán de su guardia imperial y máximo confidente tomo posesión de la corona para comandar el imperio en estos momentos de necesidad.- Con firmeza en sus palabras gritó a todo pulmón. Y en respuesta todos los guardias hablaron en unisono.

– Sus deseos son ordenes majestad- Alzando su mano para marcar que se levanten y al mismo tiempo señalando a los 12 hombres más jóvenes de la tropa.

Estos con la rectitud y la calma de veteranos de batalla se acercaron y volvieron a postrarse. -¿Cual es su dictado majestad?-

-Tomad a esta joven y llevarla lejos del reino, su seguridad es primordial, dad vuestra vida si es necesario- Sus palabras eran no las de un capitán o un emperador, sino, las de un padre pidiendo a su hijos que se salvaran.

-P-pero capitán…No podemos abandonar el campo de batalla…¿Es qué no somos suficientemente fuertes? ¿No somos útiles en batalla señor? -Estas palabras salieron de la boca del joven Tuam, liderando los otros 12 guardias, había desesperación y cierta ira en ellas. Pero en ese momento Shikuro se acercó lentamente y le puso una mano en el hombro mientras sostenía con el otro brazo a Delia.

-Tuam, te equivocas, sois fuertes, sois increíbles, tenéis un talento inimaginable y es seguro que en el futuro me superareis, pero jurasteis proteger a vuestra emperadora y ahora yo, vuestro capitán, os lo suplica…Cumplid con mi orden…por favor…-

Los 12 chicos no pudieron evitar quedar estupefactos, pues nunca habrían esperado al invicto Shikuro, su ídolo, agachando la cabeza y suplicando que hicieran algo, incluso en sus más salvajes sueños, algo como esto era imposible.

Tuam quiso hablar pero no pudo, al escuchar las siguientes palabras dichas por aquel hombre que admiraba.

-¿Saben? Siempre he amado a Delia…- Su rostro se torno suave y en sus ojos brillaba un amor puro y apasionado mientras acariciaba dulcemente la suave mejilla de su amor.

– Pero, un mortal no puede amar a una deidad y  menos un simple plebeyo- La nostalgia se hizo palpable en aquella solitaria aura.

Habían seguido a este hombre por años, décadas algunos, pero nunca habían visto este lado de su honorable capitán.

-Tal vez, podría haber buscado el amor en una mortal, haber tenido una familia e hijos que educar y cuidar, pero no fue así, para mi solo esta chica puede ser objetivo de mi amor y en cuanto a mis hijos…pequeños, vosotros 12, os recogí en la calle y os cuide, algunos erais más jóvenes y otros más mayores, pero eso no importa, porque igualmente sois mis hijos, mi mayor orgullo es haberos recogido y criado.- Las lágrimas comenzaban a caer de los ojos de aquellos doce chicos, como ríos desbordados no podían contener el caudal de sentimientos que poseía su cuerpo.

-Por eso, por favor, llevaros a Delia lejos…y protegedla con todas vuestras fuerzas, y si os confió la persona que amo, es porque no hay nadie más en el que pueda confiar una tarea tan importante.-

-C…capitán…lo haremos- Tuam se levantó mientras intentaba contener el llanto, pero aun así era imposible, ¿como podría no dolerle escuchar esas palabras del hombre que más admiraba? Antes de confiarle el cuerpo inconsciente de su amada, Shikuro besó suavemente su frente y le dio una última mirada a su rostro.

-Cuídadla bien- Solo pudo decir eso a sus 12 “hijos” partiendo a un lugar seguro.

-Por favor…sobreviva…padre…-

-Lo haré, solo esperadme- Fueron esas breves palabras las que iluminaron una llama de esperanza en el rostro de los jóvenes guerreros.

-Capitán, ¿no es acaso un poco cruel con esos jóvenes…? Hacerles pensar que sobrevivirá a una batalla perdida…-

-No importa, es mejor partir con una sonrisa que entre lágrimas amargas. ¿Y bien? ¿Vais ha iros?- Preguntó Shikuro mientras sonreía sabiendo la respuesta.

-Debe estar bromeando capitán, tengo 83 años ya, y de ellos 68 bajo su mando, como iba a abandonarle en mitad de una batalla perdida, son las más emocionantes después de todo.- Dijo uno de los 12 guardias restantes entre sonrisas y después de él, todos hablaron sus opiniones, no importaba si eran de otras razas o sus edades, pues todos los que estaban aquí presenten compartían el mismo deseo, morir junto aquel hombre que les había liderado durante todo este tiempo.

-Imaginaba que dirían eso, bien, en ese caso tomad vuestras armas y acompañarme compañeros, nos espera una terrible muerte- Dijo casi burlándose Shikuro.

-Jajajaja, tus entrenamientos si que son terribles- Respondió uno entre carcajadas.

-Tienes razón, capitán después de esto quiero unas vacaciones- Otro hombre no pudo evitar bromear ante su inminente descanso eterno.

-Si sales vivo de esta te aseguro que no tendrás vacaciones en los próximos 100 años- Todos rieron mientras abandonaban con pasos firmes la sala del trono.

Enfrente del palacio un mar de soldados se apelotonaban manteniendo complejas formaciones, era imposible decir que estaban calmados, pero de alguna forma, parecían completamente tranquilos a pesar de sus agitados ritmos de respiración. Entonces todos esos cientos de miles de hombres miraron hacía el cielo, para ser exactos al exquisito balcón principal del palacio, en él, 13 figuras les miraban en silencio. No fue el mucho que tardo en caer el velo de la quietud sobre las tropas a la vez que ambiente se tensaba, pero entonces la voz de Shikuro resonó.

-Yo, el emperador Shikuro I, decreto que aquellos que deseen huir, lo hagan.-

Pero estas palabras no causaron ningún movimiento en el ejercito, sino, que siguieron esperando en silencio. Viendo esta escena, no pudo evitar sonreír burlándose de sus propios pensamientos a la vez que se quitaba la corona.

-¡Mis hombres!¡Mis valientes!¡No puedo exigirles que luchen más, pues ya han dado sus vidas por este imperio, no puedo pedirles que abandonen sus familias y carguen sin miedo a un campo de batalla donde la derrota será segura! Pero aun así, aquellos que deseen acompañarme en esta batalla perdida puedo prometerles que no importa cuantos sean, ¡estaré a su lado hasta el final del combate! ¡Da igual si es un solo hombre el que alza su espada contra el enemigo, pues yo lucharé a su lado!- Todos los guerreros sonrieron y asintieron mientras levantaban sus armas con un deseo inquebrantable de luchar, se podría decir, que incluso ante una derrota segura, incluso si perdían la vida, su moral no podría caer, pues como podrían abandonar a aquel hombre que los había guiado en cientos de batallas, tomado ataques con su cuerpo por el bien de un simple soldado y actuado de cebo para salvar a los campesinos, simplemente pensar en retirarse ahora era una broma.

Sin darse aires, Shikuro siguió hablando – Aquellos que permanezcan conmigo…morirán, no podrán volver a ver a sus familias o ver sus hijos crecer, pues, hemos perdido, podríamos huir todos, posiblemente eso sería lo mejor…pero caballeros, cuando veo ante mi tan bella ciudad, donde he vivido tanto tiempo, donde he visto a los niños reír y corretear por las calles, solo puedo pensar, si he de morir, moriré, ¡pero elegiré donde quiero morir! Y es en las calles de este lugar el cual llamo hogar, donde voy a morir…¿¡Quién está conmigo!?-

-¡VIVA AL IMPERIO!- Como una manada de lobos aullando al unisono, todos gritaron a todo pulmón, la fuerza y espíritu en esas palabras eran tales que incluso los cientos de millones de enemigos rodeando los muros no pudieron evitar temblar y sentirse intimidados, hasta los dioses en su arrogancia y poderosas auras sentían como sudor frió empapaba sus espaldas.

Era esta la ardiente determinación de cientos de miles de guerreros de acompañar en la muerte a su general.

Pero en ese mismo momento la voz de un soldado sonó -Mi señor, puesto que se ha convertido en el emperador, ¿no deberíamos celebrarlo con una buena jarra de cerveza?- Frotando sus manos con una sonrisa dijo incitando el deseo alcohólico de todos los hombres presentes.

-¡Tienes razón, todo emperador debe tener una gran fiesta de toma de corona!- Instantes después todos empezaron a asentir mientras intentaban conseguir un buen trago antes de sus finales.

Al ver tal escena, Shikuro solo pudo agitar su cabeza decepcionado y gritar con toda su fuerza. -¡¿COMO QUE UNA JARRA!? ¡¡¡SI VA A SER NUESTRO ÚLTIMO TRAGO, QUE TRAIGAN UNA BOTELLA POR PERSONA, NO QUIERO VER SOLDADO MURIENDO QUE NO ESTE EBRIO!!!- Con esas palabras, todos los guerreros cargaron a las casas y almacenes a reunir tanto alcohol como les fuera posible. Incluso si iban a morir en esta batalla, no parecía haber remordimientos o tensión en sus entrenados cuerpos, era como si fuera natural.


Autor: Esté es el fragmento 1 de los muchos recuerdos corroídos por el tiempo del viajero errante. Quizá su nostálgica alma vuelva a suspirar y recordar un fragmento más en los eones venideros…

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