La nieve había cubierto ya los caminos y recovecos del reino, “la gran nevada” una catástrofe para algunos, una bendición para aquellos que viven de la casi eterna estación invernal. Y entre toda esa pura blancura él paseaba con sus manos tras su espalda y su cabeza mirando al cielo vacío.

Quizá fuera la máscara o la incomparablemente chica que era su persona ante tal puro paisaje que daba un matiz solitario a la escena, como esperarías de la pintura de un pintor desquiciado guardando grandes sentimientos de dolor y sufrimiento silencioso.

El sol parecía inexistente, simplemente no podía verse, pero no eran las nubes las que lo tapaban, era que simplemente no existía.

Las lenguas del viento invernal azotaban al hombre sin piedad, pero este permanecía tranquilo, sus pasos eran calmados y su posición relajada, como aquel que solo disfruta de su paseo matutino.

“Rápidos corren, rápidos son al huir, mas su destino está sellado, la obra llega a su final y yo haré que se cierne el telón sobre ella”

Palabras claras y suaves de sus labios, sus ojos clavados por los huecos de la máscara a una espalda lejana, su mano se mueve lentamente y entra en sus ropas. Una ballesta, completamente formada por cristal, con una sola mano la alza y su flecha apunta a aquel ser en huida.

Un sonido limpio, una cuerda destensándose en un instante, un proyectil en vuelo, un objetivo alcanzado, una flor más.

Su expresión llena de terror innombrable, sus brazos retorcidos como las ramas de un árbol y su cuerpo recto cual tronco. Sus ojos aun con el brillo de la vida, pero sin luz.

Ix pasa su mano por el nuevo integrante de su jardín, tan suave cristal, tan bella flor, tan horrible origen.

“El arte está destinado a ser perfecto, el artista solo es una herramienta”

De nuevo habla mientras observa con anhelo aquella bella pero macabra obra de arte.

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