Relato

Hazme Arte

La nieve caía lentamente en la noche.

Pero en la aparente tranquilidad de la noche un joven sostenía suavemente el cuerpo de una joven mujer.

Sangre brotaba de una herida en su costado y la pureza inmaculada del suelo nevado quedaba manchada de la sangre carmesí.

-¿De verdad tienes que irte?- Preguntó suavemente el joven, su voz era armoniosa y suave, tan perfecta que parecía de otro mundo.

La chica sonrió con cierta ironía y le respondió.

-Si, después de todo, toda obra tiene que terminar, ¿no crees?- Si las palabras del chico eran tan armoniosas que parecían salir de los mismos cielos, entonces, aquellas simple oración de la joven sería la declaración de una brillante estrella, tan melodiosa, serena y a la vez dulce, si se podía decir que el concepto de perfección existía, en ese caso, esta era la prueba de ello.

-Ya veo…no quiero que te vayas, pero si has de partir, no te detendré.- Dijo el joven con cierta decepción en su bello rostro.

Quizá si alguien viera la escena, solo podría pensar:

“¿Estoy viendo una pareja de dioses?”

Tal era la belleza y perfección de tanto el niño como la joven mujer que como si se trataran de cuerpos esculpidos por las mismísimas estrellas, cada rasgo se destacaba solo y a la vez no hacía sombra el resto, una combinación sublime e inigualable.

-Ah, que bueno es ser un niño, me habría gustado conocerte antes…- Un fugaz brillo solitario pasó por los zafiros que eran sus ojos.

El chico pareció no notarlo mientras la miraba con la misma expresión casi inexpresiva que parecía no entender el concepto de “muerte”

-Ix…me gustaría que me hicieras un favor…quiero que hagas conmigo como hiciste el día que nos conocimos…¿Te acuerdas?- Su respiración se entrecortaba dando lugar al preludio de sus últimos momentos.

-¿Quieres ser arte?- Preguntó confuso Ix Xristral sin entender muy bien la petición de aquella chica que había hecho que el concepto de soledad no existiera en su alma.

-S-si…quiero ser tu musa, ¿no es posible?- Había cierta broma en las palabras de la mujer pero bien oculta estaba la agonía de un posible rechazo.

-Bien…aunque no se si seré capaz de embellecerte…Saya…ya eres perfecta….- No había ningún tipo de sentimiento en aquella declaración, era un simple hecho o así lo parecía para Ix. Aunque le habría gustado algo de amor en aquellas palabras, Saya, no pudo evitar dejar escapar una sonrisa aun más resplandeciente si era posible, en este momento, hasta las estrellas sentirían que no son nada.

-Entonces…comenzaré…Saya…- Con esas suaves palabras alzó lentamente la joven y acercó sus rostro al suyo, era obvio que iba a besarla, pero ella no se resistió, sino que su respiración se tranquilizó y cerró sus ojos esperando ese momento mágico que a las puertas de la muerte podría experimentar, su primera vez también sería la última, aunque parecía trágico. Para ella compartir su primer beso con Ix era algo simplemente comparable a que le regalaran el cielo.

Sus fuerzas se consumían lentamente ante el dulce beso.

Pronto su conciencia desapareció y a su vez su vida, pero había algo que no lo haría, su felicidad y la calidez de su última sonrisa.

Su cuerpo emitió un tenue brillo que acompañó a la escasa luz de la luna y las estrellas. Sus extremidades se desvanecieron y su luego su cuerpo, volviéndose juguetonas partículas de luz que se materializaron en una solitaria flor de loto inmaculada, su superficie resplandecía con un aura de pureza.

-Es hermosa…tanto…que resulta que no debe existir…por lo que…acabaré la obra como deseabas Saya…- Dijo Ix mientras sostenía con máxima delicadeza su mejor obra y musa.

Con su mano libre arrancó su corazón de cristal y lo sostuvo.

-Esta será mi segunda pieza de arte…y te la dedico Saya…-

Pronto el corazón exploto en miles de pequeños cristales que tomaron la forma de una oscura Echeveria Black Prince, con un aura turbia y oscura flotó suavemente al lado del loto y como si fuera la representación de los sentimientos de ambos, un frágil tallo nació de ambas y se fusionó creando una única flor, tan pura como oscura, el equilibrio perfecto entre la oscuridad y la luz.

Pronto los ojos de Ix cambiaron y su cuerpo se volvió frío, su piel humana desapareció para dejar a la vista el cristal que le conformaba, como si todo el calor y humanidad que tenía hubiera sido dedicado en pos de crear la más hermosa pieza de arte, el ya no era el mismo, pero incluso si su corazón había desaparecido, había algo que nunca podría perder, su anhelo por volver a ver a Saya y sostener su mano de nuevo durante la eternidad.

La flor se movió hasta el hueco que contenía su corazón y plantó sus raíces en el solido cuerpo cristalino. Su color azur se volvió mitad blanco y la otra mitad tan negra como el abismo.

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