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Harutoki 3

CAPÍTULO 3


-Para un jovencito como tú, llegar entre los diez primero ya es suficiente. Jajajaja- Odiaba cuando me trataba como si fuera un niño indefenso, soy un genio, alcanzaré al Ancestro y me volveré la mayor figura del clan.

 

Mientras le miraba con cierto resentimiento, murmuraba esa meta en mi corazón, dejaba que inundará mi alma y cubriera cada recoveco de mi interior.

 

Creo que oí un suspiro de Rouxias y le miré, pero lo que encontré era su figura con un aura melancólica mirando a través de la pequeña ventana el hermoso campo de flores. Quise decir algo, pero sentí que sería contraproducente por lo que salí de la cabaña tras despedirme en silencio.

 

Volví a casa y me puse a meditar, mi cabeza tras ver esa escena estaba confusa, no entendía que le causo esa expresión a Rouxias…

 

Sin darme cuenta el tiempo paso como una suave brisa pasajera, el torneo se acercaba y mi entrenamiento se ampliaba y endurecía. Durante ese tiempo consagre todo mi espíritu a afilar mis colmillos, un tigre sin colmillos solo es una presa indefensa.

 

Rápidamente solo quedaba una semana para el torneo y la tensión era palpable, los mayores discutían sobre quién sería el líder de este año y los jóvenes entrenábamos y cortábamos nuestros lazos temporalmente. No había hermanos y amigos, solo rivales.

 

En este periodo de tiempo había aumentado mi fuerza un 40%, o esa era mi estimación podía usar ambas técnicas del ancestro Jian con soltura aunque no a su máxima potencia y el resto de mis habilidades estaban pulidas y preparadas para el combate.

 

 

Justo ese mismo día, mi padre me llamó.

 

Entre en la habitación donde el residía, era mucho más grande, tenía cerca de 10 metros de largo y 12 de ancho, las paredes estaban llenas de extrañas pinturas con diagramas e imágenes espirituales, el suelo estaba cubierto por una alfombra hecha con la piel de monstruos de alto rango y allí estaba él. Sentado en el suelo con los ojos cerrados.

 

Me hizo una seña con la mano y la seguí, sentándome a más o menos 3 metros de él.

 

-Saludos padre- Le salude respetuosamente como era norma y el abrió los ojos.

 

-¿Sabes por qué te he llamado aquí?- Su voz no era agresiva ni tenía la intención de causar frío, pero tal vez fuera pro el entrenamiento en la espada por tantos años, sonaba afilada y letal, sentía como mi espina dorsal me alertaba de un peligro mortal y como el sudor frio cubría mi espalda.

 

-No, no lo sé padre- Le respondí manteniendo como podía la calma.

 

-Bien, ¿sabes qué es esto?-  Me puso una vaina de espada delante de mí, tenía unos 80 centímetros de largo y 4 ancho, su hoja tenía varios diagramas grabados en plata y le daban un brillo azulado a la hoja extremadamente afilada de mithril y danamantio, su mango estaba hecho con una pieza de madera de roble llameante centenario y en ella estaban talladas más runas en patrones que le hacían parecer más una obra de arte que un arma para matar. Era la primera vez que veía esta espada, pero podía notar por su aura que no era para nada ordinaria, sino, un gran arma.

 

-Es una gran espada, padre- Le respondí con cierto deseo brillando en mis pupilas.

 

-Cierto, es una gran espada, déjame que te hable un poco sobre ella. Su núcleo fue hecho con los huesos de un joven dragón celestial, y su hoja con una aleación de danamantio y Crictalezita.- Cuando dijo el otro metal no pude evitar tragar saliva, este metal en apariencia era muy similar al mithril, pero su utilidad era 100 veces mayor y su escasez igual. Él siguió contando. -La aleación de danamantio y  Crictalezita se forjo con 5 llamas naturales distintas y en cuanto a los diagramas todos ellos fueron hechos con polvo de luna.- Cada dato que me decía me hacía desear más esa espada, era tan…Perfecta.

 

-Bueno…hijo, vayamos al grano, ¿no?- Asentí ante sus palabras.

 

-Es tuya, de aquí en adelante, pórtala con orgullo-

 

-¿Eh?- No pude evitar dejar escapar un ¿eh? Mientras le miraba estupefacto, simplemente no había logrado procesar la información. Después de unos minutos con cara de idiota logre articular palabra. -¡¡¡¿¿¿QUÉÉ???!!!- Eso fue todo lo que dije antes de que saliera con la espada en la mano de la habitación.

 

No sé cómo pasó, pero lo hizo.

 

Salí de casa y me dirigí a un bosquecillo. Mis pensamientos se habían enfriado y ahora lo que había en mi era una mano temblando de entusiasmo mientras sujetaba la vaina común de una increíble espada.

 

Tras caminar un largo trecho entre en el bosque. Desenfunde la espada con cuidado la sostuve delante de mí con ambas manos en su mango y los ojos cerrados. Mi pecho subía y bajaba lentamente y un brillo azulado escapaba de todo mi cuerpo. Entonces, abrí los ojos mi mirada se disparó hacía un lado y mis piernas se movieron.

 

Como una flecha mi velocidad alcanzó un nivel terrible, deje de correr para saltar impulsándome en los árboles, en cuestión de segundo había recorrido 500 metros y delante de mí había una enorme bestia, con 3 metros de envergadura, recubierta en un pelaje marrón claro y garras afiladas del tamaño de espadas. Su cabeza se volteó hacía mí y dio un salto hacia detrás. Mi espada cortó ligeramente sus pelos. La miré con una sonrisa y mi espíritu de combate completamente despertado.

 

Sus garras salieron en busca de mis entrañas, ¿pero cómo le iba a dejar? Mis brazos se movieron y la hoja golpeo las terriblemente afiladas zarpas del oso-mono de montaña. Chispas salieron por todos lados y luego sangre.

 

La suya, mi espada había cortado la palma de sus patas y ya había retrocedido para evitar un contraataque. Enfunde mi arma y baje mi postura mi mano izquierda en el mango de la espada ligeramente fuera de la vaina, mi otra mano la sujetaba. Di un paso tranquilo hacía delante. La energía seguía creciendo en la hoja y los diagramas brillaban con un color azur. Cerré mis ojos y di otro paso, la criatura se abalanzó dispuesta a despedazarme en cachitos. Murmure una ligera plegaria, no era para mí, sino, para la criatura que en su tranquila vida tendrá que perder su vida, no por una causa importante, solo por mi egoísmo, pero así es el mundo después de todo.

 

Mi espada escapa de su funda y su hoja corta con facilidad las garras del oso-mono, me impulso y doy una vuelta con el cuerpo aprovechando la inercia del corte la hoja se adentra en la cintura y la corta como si fuera papel, ni sus huesos oponen resistencia. La sangre salpica por todo el lugar pero protejo mi cuerpo para no mancharme.

 

Esta fue mi primera víctima con mi espada.

 

Estaba sudando, podía sentir el fugaz sentimiento de superación y la adrenalina de un combate a muerte, pensé “¡Así es como ha de sentirse un guerrero!” Qué iluso fui en ese momento, pero después de todo, ni en mis peores pesadillas podía prevenir que se cernía sobre mí y sobre mi clan.

 

No volví a casa ese día hasta ya bien entrada la noche, estuve enfrentando criaturas hasta lograr acostumbrarme a mi nueva arma, pero estaba eufórico, por fin me sentía como un espadachín y no como un aprendiz.

 

Los días se sucedieron en tranquilidad, mientras yo entrenaba para mejorar mi control sobre Zauner, así llame a mi espada, Zauner que se traducía en un idioma antiguo como “Hoja Ilimitada” aunque el nombre quizá no era el mejor, a mí me gustaba.

 

—El día del torneo—

 

Hoy era el día, el día en el que brillaría como ningún otro, había entrenado para esto.

Mientras avanzaba hacía la cima de la montaña observaba los adornos en los pabellones y hogares de las distintas familias, se respiraba un aire festivo y vivo diferente a la naturaleza relajada que solía reflejar la simplicidad de nuestras casas.

 

En mi camino podía ver como aquellos de mi generación salían de sus casas y tomaban el mismo camino que yo, en sus ojos brillaba esperanza, emoción y en mayor medida, determinación, no habría peleas fáciles en este torneo.

 

Mis ojos estaban fijos en las escaleras de la luna, era así como se llamaba el camino principal al coliseo estelar, una enorme obra arquitectónica tan antigua como la montaña que flotaba por sí misma en el cielo y en las noches resplandecía como una estrella más.

 

 

 

Las nubes evitaban que la vieran pero tan pronto las a travesé, pude verlo. Sería mentira si dijera que es mi primera vez que lo veía, solo que el motivo por el cual lo visitaba hoy era muy distinto al pasado, sería mi sangre o la de mi adversario la que pintara sus sacras arenas, no lo sabía, pero era mejor así.

 

Agarré la vaina de Zauner con firmeza y avancé con paso ligero hacía el inevitable destino.

 

Nada más entre por la puerta grande del coliseo, pude ver las exquisitas esculturas y obras de arte que adornaban el hall principal, todas ellas eran prodigios, entre todas ellas había una en un lugar especial, el Ancestro Jian.

 

Y pensé, algún día la mía estará a su lado, pero, por desgracia las cosas no fueron exactamente como mis sueños las pintaban.

 

Ignoré mis alrededores y concentré mi mirada en otro joven. Ashafel, seguidor del estilo dual “Huó Yun”, era uno de mis más peligrosos rivales, el creador de ese estilo dual era de los pocos que daban pelea al Ancestro Jian, su estilo se hizo famoso por la fiereza bestial que contenía cada ráfaga de ataques, un manejo de la espada burdo comparado a otros, pero con una eficacia y poder legendario.

 

Como esperaba de un practicante de ese estilo, su constitución era cercana a la de Kain, grande e imponente, pero sus ojos no eran joyas verdes, sino rojos globos oculares sedientos con pupilas afiladas que miraban con ferocidad a todo aquello que se acercase. Túnicas rojas dejando expuesto sus pectorales de hierro y brazos como troncos, pero curiosamente, a pesar de su enorme tamaño de 2 metros y 10 centímetros, su agilidad era casi igual que la mía, básicamente era una máquina de matar humana.

 

Notó mi mirada y clavo sus ojos en los míos, aquellos que nos observaban pudieron notar como chispas saltaron en medio de nosotros, nuestras auras estaban expandiéndose y enfrentándose. Si lo viera como espectador, diría que era el enfrentamiento de un león contra un hábil lobo. Dos depredadores reyes de sus respectivas tierras, dos guerreros experimentados que se miraban con anhelo y expectación oculta tras una feroz mirada silenciosa.

 

Pero cuando la tensión parecía no poder aumentar, 3 figuras entraron al hall. El ambiente de batalla solo disparo con su llegada. Ellos eran, tres de los favoritos en este torneo. Quaasar, con mi estatura y una constitución débil parecía un objetivo fácil, pero en el momento en que te fijabas en su rostro, solo podías decir: “Una espada”. Así era, siempre recto e inalterable, con una fría aura asesina, cargando una larga espada en su espalda, un genio perfecto en el camino de la compresión y un experto luchador. Faraam, con una sonrisa hipócrita en sus labios y ojos afilados, conocido por su intelecto, el mayor experto en estrategias de esta generación, si lo hacías tu enemigo sería mejor huir del clan o no sería raro si tu final acaba siendo la muerte. Y por último…Shelia, aquella que se hace llamar “genio supremo” con un talento no inferior al del Ancestro Jian en sus tiempos jóvenes, la rival más dura de este torneo.

 

Definitivamente era una belleza mortal, ya fuera su larga melena azabache recogida en una larga coleta, sus ojos de cristal violetas o su curvilíneo cuerpo acompañado de una suave piel impoluta como la nieve de invierno. Ella la persona que más temía, pues no solo también practicaba las técnicas del Ancestro Jian, sino, que además había creado las suyas propias a partir de varios estilos, lo cual inutilizaba mi conocimiento sobre los otros estilos, en otras palabras, desconocía las bases de sus movimientos y eso me daría la desventaja de la ignorancia.

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