El viento silba con fuerza en las praderas del orgullo, gritando que algo va ha pasar en ese mismo instante.

Dos figuras indistintas por la distancia caminan sin prisa, el tiempo pasa y ahora se encaran la una a la otra.

100 metros, entre ambos maestros de la espada, uno vistiendo túnicas ceñidas de color negro y tapando su rostro con un sombrero redondo de bamboo; el otro portando una armadura ligera de escamas, como la que esperarías ver en un aventurero veterano.

Las briznas de hierba se mueven mecidas por el viento que cada segundo crece, como si fuera la llegada de un huracán.

Ambos hombres se observan valorando el uno al otro, no hay necesidad de palabras entre rivales, sólo una mirada basta para transmitir todo lo que quieren decir.

Una fuerte racha de viento se lleva el sombrero del hombre con túnicas; una sonrisa suave en la comisura de sus labios y una llama eterna de resolución en sus pupilas.

La otra persona siendo no muy diferente de la anterior, sólo que este incluye una cicatriz cruzando verticalmente su ojo derecho.

Un primer paso, al mismo tiempo, como si fueran a comenzar una danza, sólo que no podrían vivir los dos después de terminar.

Otro paso, aumentando la velocidad, cortando la distancia rápidamente, pero parece que tiempo retrocede, con cada paso que dan se hacen más jóvenes.

50 metros, dos chicos de 16 años, uno con una katana, el otro con una espada recta, miradas de odio en sus ojos; sólo un objetivo en su vista el otro.

Cargan, sin miedo, sin dejar al otro ser quien llevé la iniciativa.

*Clank*

La espada recta choca con la katana, una y otra vez, cortes, bloqueos, contraataques…

Una miríada de golpes cargados con sus respectivas resoluciones, como jóvenes genios en el manejo de la espada, enfrentando a su rival, a su igual, a su amigo; a su enemigo…

La katana desciende con fuerza hacia la cabeza del joven, pero este la bloquea hábilmente con su espada y luego propina un codazo al otro alejándolo un metro, la distancia perfecta; con un corte horizontal intenta acabar con su adversario, pero este responde con un rápido movimiento de su katana bloqueando la espada recta, otra vez enzarzados, en un combate amargo; frente contra frente, alma contra alma, determinación contra determinación.

Se separan de nuevo, pero no cargan directamente, vuelven a hablar con sus ojos, pero, el destino es algo amargo y caótico que no puede ser cambiado sólo con voluntad.

Vuelven a cargar, pero esta vez dicen cada uno una palabra.

-Harutoki- dice el joven empuñando la katana.
-Karna- responde el joven con la espada recta.

Sus nombres, era la primera vez que se veían, o quizá en otras vidas se vieron, pero eso era irrelevante ahora, pues ya no eran desconocidos, eran rivales.

*CLANK*

Otro choque de espadas, seguido de cientos más, haciendo saltar chispas en cada contacto entre las armas.

La espada se mueve como un trueno desde abajo hacia arriba apuntando a la cabeza de Harutoki, aunque este querría bloquearlo, no tiene tiempo, por lo que sólo puede echar hacia atrás la cabeza evitando que sea una herida mortal, sin embargo, su ojo derecho es alcanzado; haciendo que aparezca un profundo corte vertical desde su mejilla hasta el principio de su frente pasando por el centro del ojo.

Se echa hacia mientras se tapa la herida con una mano, luego la retira y la mira, viendo cómo está completamente roja por la sangre de su herida.

Karna no desaprovecha el momento, cargando de frente con su espada en ristre dispuesto atravesar el pecho de su adversario.

Harutoki sonríe levemente mientras la sangre de su herida desciende, como si pudiera prever los movimientos de Karna, baja el cuerpo evitando el ataque y aprovechando que Karna no puede frenar por la inercia de la carga, le dibuja una hermosa diagonal ascendente de la barriga al pecho.

La pradera desaparece y ahora una ciudad en llamas es el único escenario a la vista, allí Harutoki y Karna, con 25 años cada uno se vuelven a enfrentar.

Conservando las heridas de su primera batalla. Siguen sin necesidad de hablar, sólo deben acabar con su oponente.

Sus ataques se entrelazan mientras las llamas bailan al ritmo de los gritos y choques de las espadas de los invasores contra los defensores.

Sus ataques antes elegantes y en cierto modo suaves, se cubren de fiereza e intención asesina, buscando acabar con cada golpe.

*CLANKKKK*

La katana choca con la espada recta, luego una patada de Harutoki, separa el choque.

Lanzando una estocada hacia el pulmón izquierdo, la hoja da en el cuerpo de Karna, el sonido de la carne siendo perforando acompañado de la sangre salpicando.

Karna no retrocede ni un centímetro, si no que avanza clavándose más profunda la espada, para atacar con su espada desde abajo, haciéndole un corte diagonal de la barriga al pecho a Harutoki igual a la que él le hizo en el pasado.

Los gritos de la batalla cesa y todo se vuelve silencioso, excepto por el sonido del agua cayendo por la cascada, ambos se enfrentan de nuevo, saltando de piedra en piedra para no caer y volverse vulnerables, chocando sus armas en sus estampidas en el aire.

La aguja del tiempo vuelve a dar un movimiento y ya han pasado 40 años desde su último enfrentamiento, sus cicatrices les recuerdan que aun no pueden morir, hasta que hayan acabado con el otro.

Esta vez es un páramo gris, arboles muertos y esqueletos de criaturas cubren el paisaje, el cielo tintado por las cenizas de las batallas que tuvieron aquí.

Nunca hablan, no pueden destruir el ritmo del combate, eso es algo que en su primer enfrentamiento comprendieron, las palabras mienten, pero las espadas no.

Sus pies bailan causando nubes de humo, mientras evitan y contraatacan a su adversario, la sangre fluye lentamente por los micro cortes hechos por la presión de sus armas en movimiento, esto no es un combate, no es un duelo, es una vida, una historia que les ha acompañado, como sus cicatrices.

La patada giratoria de Harutoki conecta con el pecho de Karna y lo aleja, luego empala con su katana, directamente al corazón, su adversario, incluso adolorido por el reciente golpe, desvía rápidamente la hoja, la sangre vuela junto al nuevo corte en su hombro.

Se puede escuchar una carcajada, ambos ríen a medida que chocan sus armas, que su sangre se esparce por las grísaceas arenas, a pesar de ser enemigos, de tener que matarse, ante todo son amigos, unidos por los lazos formados por el sonido del metal y la carne siendo cortada.

*CLANK*

De nuevo en la pradera verde, los 100 metros ya no existen, solo la distancia dada por sus espadas les separa.

Karna deja fluir su espada por las aberturas de Harutoki, sin embargo, este no deja ser alcanzado fácilmente, evitando la estocada de Karna, lanza una patada a su pecho, alejándolo, luego carga de frente, para hacer una finta y conectar su arma directamente con el brazo derecho de su adversario cortándolo casi completamente.

La sangre sale como lo hace el agua de una fuente y la verde hierba se vuelve escarlata, sin embargo, no solo la sangre de Karna fluye, pues su espada se había hundido profundamente en el estomago de Harutoki.

Se miran, en sus ojos no hay dolor, solo aprobación por aquel que les hirió.

Harutoki intenta romperle el cuello con una patada giratoria, pero Karna es mas rápido, girando su arma y empujandolé con el hombro sin brazo, haciendo caer a su adversario. Harutoki, aprovecha la fuerza de caída para lanzarse hacia atrás y sacarse la espada aun atravesando su cuerpo, la sangre brota de la herida completamente abierta, la batalla final había empezado, si ninguno trataba sus heridas moriría, pero no huirían, ante su rival, solo la muerte, les llevaría lejos de este duelo.

Karna agarra la katana de Harutoki que había soltado antes al volver hacia a tras, luego se la lanza a la vez que agarra su arma que había sido devuelta por su rival.

Una sonrisa genuina, florece en sus labios como una flor en primavera, vuelven a cargar, haciendo caso omiso al dolor, continúan, a cada segundo, sus armas se mueven mas rápido, sus golpes se hacen mas fieros, sus heridas empeoran, pero eso son cosas triviales para ellos.

¿Heridas? ¿Muerte?

Aquellos que experimentan un baño de sangre, saben que no hay nada de que temer, solo seguir de frente, luchar y morir, es lo único que cuenta en un duelo, nadie te preguntará como ganaste, ya que si no lo hubieras hecho, no estarías allí.

Cada segundo cuenta, un último ataque, ambos saben que no llegaran a mas, la katana de Harutoki roza el suelo a medida que se lanza por el cuello de Karna a la velocidad de un rayo, el arma de Karna no ataca, se defiende, sin embargo, no logra superar la velocidad de Harutoki y su vida se acaba.

Un profundo corte desde su estomago a su cuello, no puede sostenerse en pie y cae, su respiración se vuelve pesada y sus parpados se cierran lentamente mientras sus labios susurran lentamente sus últimas palabras: “Empate de nuevo.”

Harutoki mira su pecho, un cuchillo arrojadizo, profundamente clavado, atravesando su corazón, su muerte sería en unos segundos, pero con una sonrisa divertida se deja caer al lado de su rival, mientras su cuerpo se entumece por la falta de sangre, sus ojos quedan enterrados bajo sus parpados mientras que suelta una última carcajada y el silencio cae sobre las praderas del orgullo.

Todo termino, dos vidas que se volvieron una sola historia, una rivalidad nacida del respeto, al final incluso una batalla eterna, solo se resuelve en un único momento.

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