Hime: Las serpientes me dan asco.
Leiko: Odio más las arañas.
Hime: Imagina una serpiente con ocho patas…
Leiko: Creo que entonces la serpiente pierde parte de la gracia…


Puedo ver de reojo como la figura del caballero se desploma en el suelo mientras la chica grita de agonía: “Tan solo he cortado todos los tendones de tus extremidades, vamos, levanta.” Me acerco al hombre y lo levanto mientras lo agarro de los pelos: “¿Esto es todo? Los humanos que no cumplen su palabra… Tan solo deberían desaparecer.” Con ello lo arrojo a un lado mientras me dispongo a abandonar el lugar, esperando que ambos mueran desangrados.

Repentinamente una sensación de peligro invade mi cuerpo: “Hay algo…” Un luz verde me asalta desde un lado y la esquivo por reflejo. Al darme la vuelta encuentro al caballero convertido en piedra, esa imagen activa el interruptor en mi mente.

-Enlace mitológico encontrado… ¡Basilisco!- Esquivo dos destellos más y me coloco con la espalda contra una pared. La chica grita: “¡Es un basilisco, te diré como matarlo si prometes dejarnos vivir!” Mientras chasqueo la lengua respondo: “¡Hay trato, dame la información!” Ella asiente: “¡Debes reflejar la luz!” Asiento y empiezo a correr por la sala, repentinamente el destello vuelve a encenderse, pero… Despliego un espejo y la consigo devolver. Escucho un sonido seco y quito mi defensa, a unos metros encuentro una serpiente petrificada, pero mientras me fascino un grito me interrumpe: “¡Corta su cabeza antes que deshaga la maldición!” Encontrando imposible acercarme lo suficientemente rápido hago aparecer una hoja basta de un puñado de metros y la balanceo violentamente a un lado. Tras destruir gran parte de los muebles corto la cabeza que cae al suelo con un ruido grabe.

Con los ojos vacíos miro a la chica: “¿Hay alguna posibilidad de deshacer la petrificación de tu caballero?” Ella abre los ojos sorprendida: “¿Por qué?” Un sentimiento oscuro aflora de mi corazón: “A diferencia de los humanos yo nunca fallaré a una promesa.” Me acerco y saco la hoja de sus manos y el libro mientras invoco algo de yodo y unas vendas, con ello aplico primeros auxilios. Mientras la curo me explica: “Si viertes la sangre de un basilisco adulto sobre el cuerpo debería cancelarse la maldición…” Miro a la criatura de reojo: “Ese se trata de una cría… ¿Verdad?” Ella asiente. Me pongo erguido mientras me crujo los hombros: “Entiendo, quédate aquí, vuelvo en un rato.” Lentamente saldo del carromato.

Una vez fuera pongo mi mano atrás y creo una enorme jaula de metal para proteger el transporte, luego observo el cuerpo petrificado y a medio comer del conductor, con ello suspiro. Me desplazo a la hoguera y encuentro el huevo eclosionado junto a un puñado de fluidos de origen desconocido. Finalmente invoco una katana y la sostengo enfundada en mi mano derecha, con ello me marcho de la zona.

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