En la sala de audiencias se encuentra el rey junto a un grupo de subordinados, todos se ponen de pie, en guardia. El monstruo se queda observando: “¿Alguien de la iglesia?” Un hombre vestido de blanco da un paso al frente: “¡Evidentemente, tienes enfrente al obispo supremo de Ish, arrodíllate!” Un aura oscura se desprende del monstruo: “Obligame.” El rey se alza y de un brinco aparece sobre nosotros con un mazo y los ojos inyectados en sangre, rápidamente extiendo mi grimorio y hago aparecer una pared de piedra que nos consigue proteger en el último instante. El monstruo se gira: “Buen escudo.” Algo de polvo sale de la muralla de tierra y a los pocos segundos explota con el rey cayendo desde arriba. Él invoca una espada pesada que choca contra el martillo y lo desvía a pocos centímetros de su cabeza: “¿Este es el poder del rey de Ish? Quizá debería tomar tu trono.” El martillo gira de una forma extraña como si el suelo fuera de goma e impacta en el lateral del monstruo, mandándolo a volar. Consigo esquivar un golpe contra mi, pero caigo de culo unos metros atrás. El rey apoya su arma mortal contra el hombro: “No entiendo cómo habéis llegado tan lejos siendo tan débiles.” Me consigo poner en pie y enfoco mi poder en el grimorio, generando una llamarada carmesí, pero esta es aplastada por un golpe del mazo.

Una risilla se empieza a filtrar en el tenso ambiente: “Ha… Haha… ¡Hahahahaha! Ya he visto tu truco.” El rey se gira y avanza rápidamente, bajando su arma directamente a su cabeza, en ese instante él se desplaza varios metros de una zancada. Al aterrizar parece que el suelo se desplaza levemente y termina otra vez en el suelo, con ello el rey vuelve a embestir con el mismo movimiento, pero antes de impactar se extiende una placa de metal. El rey se estremece un momento, luego retrocede: “¿Qué clase de magia es esa?” Los labios del monstruo se separan levemente: “Iniciando cálculos de batalla… Posible dominio territorial… Ofensiva en área.” La sonrisa se retuerce y con ello una ola de poder absurda se expande, cientos de objetos pequeños de metal aparecen por todos lados, tras ello mi visión se oscurece y al segundo se escucha un gran estruendo… Poco a poco la luz vuelve, mientras salgo de una caja de metal extraña. La sala se encuentra reducida a cenizas, y en ambos extremos de ella se encuentran dos hombres, el rey, con un brazo sangrado y en la otra el monstruo, con su sonrisa gloriosa. El rey suelta un largo suspiro: “Me llamo Virish… ¿Tu nombre?” Él se cruje los dedos, y mientras lo pronuncia el sonido de unas campanas me impiden escucharlo. Virish alza la mirada: “Al fin encuentro a alguien más fuerte que yo… Dime… ¿Cuál es tu determinación?” Él responde: “Cambiar el mundo.” El rey tose un poco de sangre: “¿Me permites una última petición?” El monstruo suspira: “Me recuerdas a ese viejo, dime.” Virish suelta una pequeña risa: “Permiteme quedarme a tu lado para ver este nuevo mundo.” Él abre sus ojos sorprendido: “Seguirme significa renunciar a tu humanidad… ¿Estás seguro?” El hombre sonríe: “Yo… Virish, renuncio a mi humanidad.” Dos grandes aros le envuelven regenerando su cuerpo, convirtiendo el pelo en una larga melena blanca y volviendo los ojos de un profundo rojo sangre.

Un gran estruendo sacude la ciudad, Virish cruje sus hombros: “Parece que ya lo han invocado… A Leviatán.”

 

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