Punto de vista de Valeria.

El monstruo termina su relato… Y con ello esa sonrisa impertinente vuelve a su rostro: “Val, voy a reformar este mundo y el otro. ¿Estás dispuesta a acompañarme?” Extiende tranquilamente su mano hacia mi. Levanto la mirada viendo esos ojos extraños, esa sonrisa torcida y por primera vez me doy cuenta: “Por supuesto, monstruo enmascarado.” La sonrisa se quiebra durante un segundo: “No deberías intentar ver tras los muros de un corazón pequeña.” Le doy la mano decidida: “Lo entiendo, vamos.” El monstruo se levanta y dice: “Según el mapa esto es el reino Ish. ¿Alguna información?” Asiento: “Se trata de un reino constituido básicamente por mercenarios con un rey decidido en combate, todos los ciudadanos son bastante violentos, debemos ir con cuidado.” Me quedo mirando al pequeño que aún está tumbado en el sofá: “¿Qué hacemos con él? No lo podemos dejar solo.” El monstruo chasquea los dedos: “Todo está pensado.” Una extraña muñeca rubia sale de la cocina: “Señor. ¿Me ha llamado?” Él asiente: “Doll, nos vamos, cuida del pequeño.” La muñeca asiente: “A sus ordenes.”

Mientras nos vamos marchando me doy la vuelta y veo como la casa se desvanece: “¿Qué está pasando?” Sin darse la vuelta responde: “Doll se ocupará de la casa y eso es el sistema de camuflaje para mantenerla segura mientras estamos fuera.” Sin atreverme a preguntar más sigo a su lado.

Entramos a la ciudad sin que ninguno de los guardas de la puerta nos diga nada, con ello empezamos a andar por la calle principal, entonces pregunto: “¿A dónde vamos?” Como si tuviera un rumbo fijo anda por las calles de forma decidida: “¿No es evidente?” Con ello señala el palacio que hay en el centro de la ciudad. Me estremezco durante un segundo: “¿Qué pretendes?” LA sonrisa del monstruo se amplía: “Reformar el mundo.” Sus pasos continúan hasta la puerta de palacio, ahí dos guardas le detienen: “¡Alto! ¿Cuáles son tus putos asuntos en palacio?” Los ojos del monstruo orbitan de forma extraña: “Una audiencia con el rey.” Dos alabardas apuntan repentinamente al cuello del hombre: “No se permiten, ahora deja tus cosas y esa putita que llevas al lado y lo mismo te perdonamos…” Dos pilares de metal salen del suelo y perforan el cuello de los hombres: “No tengo tiempo que perder…” Los pasos continúan escaleras arriba: “¿Qué pretendes?” El monstruo se detiene: “¿Cómo se invoco a Mammon la última vez?” Me quedo dudando: “¿Pretendes provocar al rey para que la iglesia reaccione?” Su sonrisa se amplía, luego sigue andando.

Se para enfrente de una puerta excesivamente ornamentada, luego levanta su pierna y la patea abriéndola de par en par: “¡Buenos días pequeña panda de bastardos, papi ha llegado!”

 

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