Leiko: Parece que he vuelto. En fin, muchas cosas han pasado. ¡Pero es hora de retomar esto!


Finalmente llego a la casa mientras dejo que mi aliento se marque en el ambiente. Abro la puerta y le doy el paquete al monstruo, que asiente satisfecho: “Buen trabajo, Val.” Me siento en la silla mientras observo al niño que aún duerme: “¿Ha mejorado?” Él asiente: “Se ha despertado, pero lo he puesto a dormir otra vez.” Él se gira hacia una puerta del corredor: “Sígueme.” Asiento y me pongo a su espalda. Pasamos una puerta nueva y bajamos unas escaleras hasta un sótano, ahí encontramos un pedestal, lentamente el monstruo extiende el mapa sobre el mismo y lo encierra con una lámina de cristal. De repente un punto rojo aparece en el mapa, él explica: “Aquí es donde nos encontramos.” Asiento: “Si dejas el mapa en la casa no veo motivo para que marque nuestra localización, tampoco nos vamos a mover.” Él sonríe: “¿Segura?” Traza con el índice una línea en el mapa hasta una ciudad extranjera, tras ello noto una ligera sacudida, y el punto aparece al final de la línea. Corro escaleras arriba y salgo a la puerta de la calle…

Ahí encuentro una zona de exuberante vegetación y al fondo unas grandes murallas rojas. Noto su voz en mi espalda: “Y esto, es alquimia.” Me giro asustada: “¿Qué eres?” Con un leve gesto de barbilla me indica que me siente: “Va siendo hora de explicarlo…” Ambos tomamos asiento, uno frente al otro… Lentamente su mano se desliza por al aire, dibujando un extraño símbolo con la punta del dedo índice, de forma elegante, de forma única, de forma… Amable. Por primera vez la fuerte sonrisa del monstruo se desvanece y se ve oculta tras una cara entristecida… Poco a poco sus labios se van despegando, de una manera extremadamente sutil su aliento se va liberando de sus pulmones: “De ahí donde provengo… La magia no existe oficialmente. Los dioses abandonaron el lugar hace milenios y ya nadie los recuerda, ahora todo lo que queda, somos nosotros.” El símbolo se queda grabado en el aire, con un profundo y deslumbrante rojo, simulando una extraña puerta, o quizás un arco. Lentamente se proyectan imágenes dentro de ese arco, en ellas se pude ver un hombre de mediana edad, con el pelo corto y en punta, sobre su rostro se encuentran unas gafas con el cristal oscuro… Este va con un jersey gris y una gabardina negra. Se inclina hacia la imagen y parece decir algo, en ese instante el monstruo habla: “Él es mi padre, anunciando que debo ser fuerte para lograr mis objetivos.” Tras ello el hombre suelta la mano del niño, de no más de ocho años y este entra con la cabeza alta por una gran puerta de cristal. El chico avanza hasta un mostrador y entrega un pedazo de papel, la mujer tras la mesa indica un pasillo y el muchacho se dirige hacia este. Él vuelve a hablar: “Sin duda, mi vida cambió, se volvió mucho más… Divertida.”

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