El chico respira de forma torpe y su temperatura corporal es bastante baja. El monstruo se encuentra inclinado sobre el chico con una manos sobre su barbilla: “¿Qué opinas que es?” Me mira tranquilamente, me quedo dudando unos segundos, luego respondo: “Hipotermia.” Él asiente: “Correcto. ¿Tratamiento?” Reviso la temperatura ambiente y vuelvo a mirar al muchacho: “Calentarlo de forma pasiva para evitar un cambio brusco de temperatura.” Él se vuelve a sentar en su sillón: “Buen trabajo, en ese caso mantén el fuego encendido. Asiento y me paso el resto de la noche alimentando el fuego.

A mitad de noche él se levanta y desaparece por la puerta que da a la calle sin mediar palabra.

-No entiendo nada… Qué hace… Qué piensa… Siempre la misma mirada tranquila, siempre la misma mirada oscura. No se nada de él, ni su nombre, ni su edad, ni su pasado…- Me levanto mientras me acerco a su sillón, tranquilamente me siento: “Es cálido…” Por alguna razón me siento segura con este suave abrazo del sillón. Me empiezo a dormir, pero antes de poder terminar de cerrar los ojos un fuerte rugido me despierta. Me pongo en pie mientras recogo mi grimorio y salgo corriendo por la puerta. Justo enfrente de mi casa veo algo que tan sólo he podido encontrar en antiguos libros de leyendas, con tres alas de puro blanco en cada lado, una armadura blanca y dorada, una figura humanoide con una espada llameante, un ángel. Enfrente suyo se encuentra él, con la mitad derecha de su cuerpo chamuscada. Con un giro rápido de su cabeza enfoca su ojo brillando en un intenso rojo contra mi: “Ve dentro la casa.” Repentinamente toda la parte chamuscada se sana: “Val, te estoy dando una orden.” Ante esa voz profunda y oscura me doy media vuelta y cierro la puerta mientras me apoyo contra ella: “¿Un ángel, cómo ha sucedido esto?” Me asomo por la ventana y puedo ver como el poderoso ser arremete una y otra vez contra él, pero este resiste invocando paredes de diferentes materiales. Él pone la espalda erguida y hace una expresión molesta: “Aún me quedan algunos ases bajo la manga, pero no quiero gastar ninguno aquí, así que retirate antes de que ambos salgamos mal de esto.” Un proyectil llameante del ángel falla y sale volando en dirección a la casa, pero de repente unos hilos plateados lo detienen y lo hacen desaparecer: “Eso es… ¿Magia?” El pelo blanco de él se empieza a teñir de un rojo intenso y sus ojos resplandecen de amarillo, tras ello extiende un cetro plateado con dos gemas carmesí incrustradas: “Te voy a mostrar como funciona el mundo.”

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