Dos raíces salen en mi contra, rápidamente giro la espada y las consigo detener: “Princesita, establece una buena defensa.” Con esas palabras puedo ver como un muro de fuego se alza ante mi: “¿Con esto es suficiente?” Niego con la cabeza: “El suelo.” Dos raíces salen y apuñalan el brazo derecho de Valeria. Suspiro y corto la madera, tras ello lanzo creación de curación sobre el brazo: “¿Lo ves?”

Repentinamente empieza a sonar una campana: “¿Qué coño es eso?” Me giro mirando una enorme torre. La princesita se estremece: “No puede ser…” Observo como le cae sudor frío por la frente: “¿Qué es?” Ella cae de rodillas al suelo: “Van a liberar Mammon, el demonio de la avaricia…” Me quedo unos segundos parados: “¿Y eso a mi me incumbe en…?” Valeria se gira presa del pánico: “¡¡¡En que la iglesia lo ha invocado para matarnos!!!” Chasqueo los dedos: “Ah, joder, pues suena razonable.” El caballero de Yggdrasil anuncia: “¡Estáis perdidos!” Me giro molesto: “Silencio, hay más diversión al frente.” Una mezcla de aceite se rocía sobre su cabeza misteriosamente, tras ello dejo caer una cerilla y el hombre se pone a arder junto al palo al que llama espada.

“¡Hoja Yggdrasil derrotada!
¡Nueva habilidad adquirida: Creación viva!”

Valeria se queda boquiabierta: “Otro de los caballeros más fuertes del reino…” Crujo mi cuello: “Antes de que venga el monstruo, debemos prepararnos. Chasqueo los dedos y cientos de arañas de medio metro aparecen ante mi, con un pequeño paquete en su abdomen. Miro a la princesita: “¿Y que tamaño tiene?” Ella se queda dudando: “Unos cien metros de alto por veinte de ancho.” Asiento contento: “Perfecto.” Empiezo a caminar al frente, con mis ojos brillando en un intenso rojo. A mi espalda Valeria tiembla sin control: “¿Qué pretendes?” Hago aparecer una hoja extremadamente fina de un metro y medio, hueca por dentro y con pequeños orificios: “Matar, destrozar, quemar, quebrar…” Ella se retira al escucharme.

Repentinamente un rayo negro cae del cielo y un gran gigante aparece, con una armadura de oro y un hacha del mismo material: “Hereje, prepárate a morir.” Puedo notar sus enormes ojos mirándome tras el yelmo. Me quedo parado y mientras levanto el dedo corazón contesto: “Que te jodan, pero de verdad.”

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