Leiko: Voy por vodka.

Hime: Deja la bebida.

Leiko: Deja el cloroformo.

Hime: ¡A mi no me gusta el…!

*Suspiro ahogado.


Vista de la princesa. Puedo ver como la hoja se desliza fuera del pecho del monstruo y este cae al suelo… Lentamente el brillo de sus ojos va desapareciendo mientras pronuncia sus últimas palabras: “Vaya… Parece que he perdido…”Finalmente deja escapar su último suspiro. Intento liberarme, pero tengo tanto mis manos como mis pies atados y con todo el cuerpo de soldados a favor de Freis es imposible ganar. Lentamente noto con las lágrimas van surgiendo de mis ojos y resbalan por mis mejillas: “¡¿Por qué Freis?! ¡¿Por qué me traicionas?!” El empieza a andar ligeramente hacia mi: “Una niñata no tiene derecho a dirigir un país, nos irá mejor cuando estés bajo tierra.” Con dificultad me pongo en pie: “¡¿Y le irá mejor con un traidor al frente?!” Al sonríe de oreja a oreja: “Quién sabe, pero a mi seguro que me irá mejor.” Mi corazón se parte: “Eres egoísta…Deberías morir.” Escucho un suspiro: “¿Verdad que si?” Freis y yo nos miramos a los ojos, helados del terror por una voz tan oscura y tenebrosa, lentamente vamos girando nuestras cabezas, para encontrar un charco de sangre en el suelo: “El cuerpo…” Efectivamente, ahí no está el cuerpo del monstruo. Freis empieza a mirar a todos lados preso por el pánico. La voz se vuelve a escuchar: “Vamos princesita, odia a la humanidad, desea que ardan, todos y cada uno de ellos.” Cada una de sus palabras se siente como un puñal en mi corazón: “La gente es buena, pero a veces miente…” Él responde: “La gente vale una puta mierda, siempre miente, y si no, mira al hombre de tu lado.” Levanto los ojos, viendo el sudor frío, la mandíbula tensa y la respiración acelerada del que antaño fue mi mejor amigo: “Tienes razón estaría mejor muerto.” El monstruo se manifiesta finalmente, encima del charco de sangre… Su apariencia ha cambiado completamente, sobre su cuerpo se encuentra una larga bata blanca de doctor, debajo ropa negra con una corbata gris… Y lo más impactante, en su rostro una sonrisa torcida, completamente blanca, con su ojo izquierdo brillando de un rojo intenso: “Yo siempre tengo razón.” Freis levanta su espada listo para hacerle frente, pero el monstruo sonríe: “¿Uno contra cien? Lo veo ridículo.” Un solo chasquido hace aparecer decenas de hojas en la sala, que caen y se clavan en el suelo. El primer paso que da el monstruo lo manda al frente a gran velocidad mientras recoge dos hojas, una vez enfrente de Freis ejecuta un doble corte circular…

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