Hime: ¡AHHHHHH, SERPIENTE GIGANTE!
Leiko: *Bañando pañuelo en cloroformo.* Tsst, ya está, ya pasó. *Esconde cuerpo en el armario.*


Vuelvo al sitio donde desenterré el huevo y me siento justo en medio. Cruzo mis piernas y apoyo la katana sobre ellas, luego extiendo mis manos sobre las rodillas y permito que mi respiración se calme. Lentamente mi consciencia se va expandiendo, cada hebra de hierba… Cada rama de cada árbol… Cada insecto revoloteando… Una serpiente gigante escurriendo su enorme cuerpo entre los árboles mientras quiebra ramas y pisa hojas secas. Me voy levantando con los ojos cerrados mientras sostengo mi espada en la mano derecha, dentro de su funda. Contengo la respiración, tenso cada uno de mis músculos y espero…

Algo sale del bosque y emite un siseo levemente audible, con ello se va acercando, al estar a cinco metros de mi escucho el ruido de la boca abriéndose y a la vez… Abro mis ojos y me impulso al frente, primero saco la hoja: “Nukitsuke.” Luego realizo un corte a lo largo de todo el cuerpo: “Kiritsuke.” Tras ello muevo la espada a un lado salpicando la sangre de la hoja: “Chiburi.” Finalmente la devuelvo a la funda: “Noto.” Me giro para ver el cuerpo caer, con ello arrojo la espada a un lado mientras invoco una jarra y empiezo a recoger la sangre: “Ah… Parece que aún me muevo bastante bien.” Con toda tranquilidad voy volviendo al carromato con una sonrisa en mi rostro, de camino un texto aparece en mi visión.

“¡Has subido [26] niveles!
Nivel total: 41.
Dispone de [26] puntos por gastar. ¿Desea usarlos ahora? [Si]/[No]”

Acerco mi dedo al si y se vuelve a desplegar el menú secundario.

“Dispone de las siguientes habilidades:
Creación de curación leve: 5p.
Creación de curación media: 10p.
Creación de curación alta: 15p.
Creación de curación angelical: 20p.
Creación de curación divina: 25p”

Sin dudarlo un segundo pulso la última opción, con ello un pequeño destello verde aparece en mi mano, a los pocos segundos se desvanece. Encojo mis hombros y continuo el camino. Al llegar quito la jaula y entro, arrojando la sangre con desprecio sobre el cuerpo. Poco a poco la piedra se va desprendiendo devolviendo al hombre a la vida, este inhala fuertemente: “¡¡El basilisco!!” Le pego una patada en la boca: “Silencio, ya está muerto.” Con toda tranquilidad me acerco a los ocho cortes: “Creación de curación.” Lentamente el tejido se va cerrando junto a los tendones rotos. Finalmente me acerco a la chica y le curo las manos: “Con esto mi parte del trato ha sido completada, marchad de mi campamento.” Me bajo de carro y golpeo al caballo para que corra, este obedece y el carro se marcha lentamente.

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