Vista de Val

Desde hace una semana nos instalamos en esta casa, una casa simple de dos habitaciones, una cocina comedor y un baño creado por él: “Val… ¿Qué coño se supone que es esta soberana mierda?” Me replica viendo un trozo de metal al que he intentado aplicar un temple: “Esto… No acabo de entender…” Inmediatamente su puño aterriza sobre mi cabeza: “No es tan complicado, lo tienes que enfriar rápidamente para impedir la creación de martensita.” Voy por otra pieza de metal y la meto en el fuego con unas tenazas hasta ponerla al rojo vivo, luego la vuelvo a meter en agua para enfirarla rápidamente, él observa la pieza: “Un aprobado raspado, hay que mejorar.” Suspiro aliviada ahora que he conseguido evitar otro golpe: “¿Puedo preguntar una cosa?” Él levanta una ceja curioso mientras se sienta en el sillón: “Dime.” Me preparo para al siguiente intento mientras hablo: “¿Por qué me enseñas esto?” Él mira al techo: “Sin entender algunas cosas me niego a enseñarte otras, aprende la base y entiende el mundo antes de intentar cambiarlo.” Esa clase de respuesta ambigua es la que he estado recibiendo ante la mayoría de mis preguntas: “¿Me estás tomando en serio?” El exhala algo de humo mientras responde: “¿Parece que estoy bromeando?” Puedo distinguir un brillo peligroso en el fondo de sus ojos, con ello sacudo mi mano: “Para nada, para nada.” Lentamente se levanta de su asiento y empieza a andar en dirección a la puerta: “Parece estar a punto de llegar…” Fuera está cayendo una gran tormenta, con rayos y truenos retumbando por todo el lugar, al ver la situación pregunto: “¿Quién?” Tranquilamente se detiene ante la puerta y gira el pomo lentamente: “Si los engranajes del mundo giran como creo…” Al abrir un chico de unos seis años se encuentra con el puño levantado a punto de golpear la madera: “Disculpe…” Antes de poder terminar la frase cae al suelo inconsciente. Él se inclina tranquilamente y lo recoge, tras ello cierra la puerta y lo tumba sobre el sofá: “Val, ponle ropa seca.” Me muevo rápidamente, pero de repente me quedo quieta: “¿Y qué le tengo que poner?” Al girarme para observar al monstruo lo encuentro creando troncos de leña en su mano y dejandolos caer a la hoguera, en ese instante lo entiendo… Extiendo mi mano y consigo crear un camisón. Mientras la temperatura de la estancia se eleva cambio la ropa del muchacho y me espero a la siguiente orden.

< Anterior · Índice · Siguiente >

Clasificación de estrellas: Vota cuánto te ha gustado.
[Total: 0 Average: 0]
Share: